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Los
sucesores de Selim II siguieron con la expansión militar en oriente en
perjuicio de Persia, mientras en Siria y Líbano el emigrato de los Drusos
intentaba su independencia siendo hábilmente dominada, no obstante los
otomanos tuvieron que renunciar a la conquista de Persia.
En occidente el imperio otomano comenzó las luchas contra Austria, no fue
una guerra abierta se trataban de incursiones por ambos bandos y de
asedios a fortalezas.
Durante el reinado de Murad
III y sus sucesores se
acrecentó la influencia del harén en las decisiones del gobierno, este
periodo se conoció como el sultanato de las mujeres, con la muerte
del Sha de Persia Tahmäsp I en 1576 se reanudó la guerra en oriente
luchando duramente quince años en Azerbaiján y Georgia, tras la paz en
1590 el imperio otomano alcanzó su máxima extensión.
El sucesor de Murad III fue su hijo Mahomet
III el cual tuvo que
disputar el poder con sus hermanos a los que mató, una vez seguro en el
poder delegó el gobierno en las manos de su madre Safiye, desatendiendo
el imperio por la maravillosa vida del harén.
Una nueva guerra con Hungría fue terminada por su sucesor
Ahmed
I, tuvo que enfrentarse a
graves insurrecciones en Turquía y oriente, durante su reinado se firmó
un tratado con Austria en 1606 mediante la paz de Stivatorok perdurando
cincuenta años.
Después de cincuenta años tras la muerte de Solimán el magnífico,
el imperio otomano estaba estancado y debilitado, en el interior la grave
situación económica, el aumento de la población, la disminución de
recursos y la corrupción.
Y en el exterior las amenazas se multiplicaron, Rusia, los países Balcánicos,
Grecia, etc... comenzando un largo y doloroso declive que duraría
trescientos años hasta el final de la primera guerra mundial.
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